| 20.12.2015 | La salida del cepo fue menos traumática de lo esperado, pero en la toma de decisiones políticas, como la designación de dos jueces para la Corte, hubo errores y falta de planificación. |
| Por Sergio Crivelli |
| Si un gobierno triunfa o fracasa por la economía, se puede decir que el de Mauricio Macri debutó con un éxito inesperado. Su prueba más urgente y compleja, la salida del cepo cambiario montado por Axel Kicillof con el pésimo resultado a la vista se hizo sin generar turbulencias. Una de las bombas que dejó la ex presidenta Cristina Fernández fue así desactivada con rapidez por el equipo liderado por Alfonso Prat Gay. Quedan varias más. De acuerdo con lo prometido a Macri por el equipo económico no hubo corridas y el viernes el dólar valía menos de 14 pesos. Más importante aún, el dólar futuro para abril rondaba los 14,45. El peronismo durante la campaña había vaticinado que la salida de cepo prometida por el candidato de Cambiemos llevaría la moneda norteamericana a 20 pesos. El fracaso de ese funesto presagio muestra dos cosas. La más importante, la confianza de los operadores, insumo esencial para cualquier proyecto económico. La segunda, que después de la larga experiencia cristinista los operadores juegan a favor de la racionalidad. Kicillof puso el cepo en 2011 para frenar la fuga de dólares. Desde entonces se perdieron 30 mil millones, la actividad se estancó y las economías regionales se fundieron. El resultado exactamente contrario al buscado. Con la receta opuesta, en cambio, la fuga se frenó y la cotización se estabilizó en un punto que permite reactivar las economías regionales. Se espera que ese sector mejore el saldo del comercio exterior para que el PBI vuelva a crecer. En el gobierno no festejaron públicamente, porque saben que se trata apenas del comienzo y que falta un plan integral para reducir la inflación y evitar nuevas devaluaciones. El próximo paso es minimizar el fuerte impacto negativo que tendrá el sinceramiento sobre los ingresos fijos de más de 20 millones de trabajadores. Pero la salida de la trampa era un paso imprescindible y tuvo un costo político menor del estimado. No puede decirse otro tanto de la iniciativa para reponer dos jueces en la Corte Suprema de Justicia, otra de las iniciativas rutilantes del debut. El lunes Macri sorprendió a senadores propios y ajenos designando por decreto a dos constitucionalistas de trayectoria conocida, Horacio Rosatti y Carlos Rozenkrantz, como jueces interinos. Su idea era cubrir las vacantes de Carlos Fayt y Raúl Zaffaroni que dejaron al tribunal al borde de la parálisis, porque sólo está en condiciones de tomar decisiones por unanimidad. En caso contrario tiene que esperar que se incorporen nuevos ministros. La jugada de Macri tuvo por lo menos tres consecuencias inmediatas: en los medios de comunicación florecieron los constitucionalistas que interpretaban contradictoriamente la cláusula invocada en su decreto, los senadores kirchneristas exhibieron una indignación republicana que se les desconocía y en Cambiemos al silencio inicial siguió la confusión. El lunes el presidente del bloque de senadores del Frente para la Victoria, Miguel Pichetto, estaba demudado. La Cámara alta es el único poder sobre el que el kirchnerismo aún mantiene el control, pero se enteró de la novedad por los medios. Más complicada aún fue la situación del macrista Federico Pinedo, que también se encontró con un "fait accompli" y tuvo que poner la cara a la beligerancia peronista. Los socios radicales de Macri también se indignaron. Por ejemplo, Ricardo Gil Lavedra que quedó fuera de juego para integrar la Corte. Tuvo que intervenir el "exiliado" Ernesto Sanz para poner orden entre sus correligionarios y volver una parte de la corporación legislativa al redil. La gestión Macri tiene un organigrama claro para las políticas públicas. El jefe de gabinete, Marcos Peña, se encarga del posicionamiento de Macri, la política y la comunicación. En el segundo escalón Gustavo Lopetegui y Mario Quintana tienen a su cargo los proyectos específicos. Pero parecen menos claras las competencias de la gestión política a cargo de Emilio Monzó, Rogelio Frigerio, Federico Pinedo y Jorge Triaca. Esto permite que un peronismo derrotado, sin liderazgo ni rumbo amenace con rechazarle los pliegos de Rosatti y Rozenkrantz y quiera imponerle condiciones. Si no quiere sufrir derrotas como las de Alfonsín y De la Rúa, Macri tiene que poner de inmediato en operaciones una conducción política en el parlamento. Una parte no menor del éxito de su presidencia se jugará en esa cancha. |
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